Antes de su muerte, Jesús prometió a sus discípulos: «El Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les recordará todo lo que les he dicho» (Juan 14:26). Después de su resurrección, Jesús se apareció a sus discípulos en varias ocasiones. Jesús les indicó que permanecieran en Jerusalén y añadió esta promesa: «porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo dentro de pocos días» (Hechos 1:5). Poco después de la ascensión de Jesús, judíos procedentes de todo el mundo se congregaron en Jerusalén para celebrar la Fiesta de Pentecostés. Pentecostés —también conocido como Shavuot o la «Fiesta de las Semanas»— se celebra en conmemoración del día en que Dios entregó la Ley a Moisés en el monte Sinaí. Los discípulos se reunieron en una misma habitación durante varios días, donde permanecieron unidos en oración (Hechos 1:14). De repente, el sonido de un viento impetuoso y una lengua de fuego sobre cada discípulo señaló la manifestación del Espíritu Santo.
El encuentro de Moisés con Dios en el monte Sinaí estuvo acompañado del sonido de trompetas, del fuego y de un poderoso terremoto (Éxodo 19:18-19). La llegada del Espíritu Santo trajo consigo el sonido de un viento poderoso, lenguas de fuego y valentía. En esta ocasión, Pentecostés no representó la entrega de la Ley, sino más bien la entrega del Espíritu Santo. Pronto, una multitud desconcertada se congregó alrededor de los discípulos, preguntándose cómo era posible que cada uno escuchara el mensaje en su propio idioma. El Espíritu Santo —que apareció en forma de «lengua» de fuego sobre cada discípulo— capacitó a aquellos hombres para hablar en las «lenguas», o idiomas, de personas procedentes de todas partes del mundo. Pedro, el hombre que había negado tres veces conocer a Jesús (Marcos 14:66-72), proclamó ahora el evangelio con valentía. Él predicó: «Dios ha hecho a este Jesús, a quien ustedes crucificaron, tanto Señor como Mesías». ¡Gracias al poder del mensaje de Pedro, tres mil personas aceptaron el mensaje del evangelio y fueron bautizadas ese mismo día!
¿Cómo pudo Pedro predicar con tal poder? El Espíritu Santo transformó a los discípulos, cambiando su espíritu de temor por un espíritu de valentía; y hoy en día, el Espíritu Santo capacita a los creyentes para compartir el evangelio con esa misma valentía. Al orar esta semana, pídele al Señor que te dé el valor para compartir el mensaje del Evangelio con alguien nuevo. Pídele que traiga a tu mente a personas específicas, para que puedas orar a fin de que el Espíritu Santo actúe en sus corazones. Cuando surjan esas conversaciones sobre el Evangelio, habla con valentía al relatar cómo Jesús transforma vidas.