Para muchas personas, la palabra creación evoca inmediatamente la naturaleza: el sol, las estrellas, los árboles, los animales y los océanos. Pero la creación no se limita al mundo que nos rodea; también incluye todo lo que tenemos y hacemos. La Biblia nos recuerda que todo le pertenece al Señor: nuestro tiempo, nuestros talentos, nuestras posesiones e incluso nuestras familias.
Cuando Dios creó el mundo, lo hizo todo con propósito y orden. En Génesis 1:1-31, vemos cómo Dios creó cuidadosamente la luz, el cielo, la tierra, las plantas, los animales y, finalmente, a los seres humanos. Cada parte de la creación fue importante y cumplió un papel en el plan de Dios. Dios observó todo lo que hizo y declaró que todo era bueno: un reflejo de su gloria y bondad. Todo le pertenece y nos ha encomendado cuidarlo, usarlo sabiamente y glorificarlo en todo lo que hacemos.
Tómate un momento para reflexionar sobre tu vida esta semana. ¿Estás usando lo que Dios te ha dado —tu tiempo, tus dones, tu energía— para honrarlo? Quizás Dios te ha dado un talento especial para servir en tu iglesia, en casa o en tu comunidad. Así como Dios puso todo en la creación con un propósito, te ha dado un rol para que brilles con su luz.
Al orar esta semana, pídele a Dios que te ayude a recordar que todo le pertenece a Él. Ora por sabiduría para administrar bien tus dones, por alegría al usar lo que Él te ha dado y por oportunidades para mostrarle a otros su bondad a través de tu vida.