José provenía de una familia sumamente disfuncional. Su padre, Jacob, tuvo varias esposas, y estas mujeres le dieron muchos hijos fruto de una rivalidad llena de rencor e inseguridades. Como Jacob amaba a una esposa más que a las demás, también amaba más a ciertos hijos. José era el hijo predilecto, lo que provocó resentimiento y enojo entre sus hermanos. Finalmente, todos estos factores los llevaron a venderlo como esclavo cuando tuvieron la oportunidad.
Muchos años después, tras el ascenso de José al poder en Egipto, se encontró cara a cara con sus hermanos, quienes habían destruido por completo la vida que conocía, y tuvo que tomar una decisión. ¿Perdonaría o se vengaría?
El apóstol Pedro enseñó a los cristianos a responder de manera diferente. Les imploró que fueran amorosos y compasivos, y que no devolvieran mal por mal ni insulto por insulto (1 Pedro 3:9). Jesús nunca devolvió mal por mal, ni se vengó de quienes lo hirieron o decepcionaron. Pedro lo experimentó de primera mano después de que Jesús lo perdonara por negar siquiera conocerlo (Lucas 22:54-62; Juan 21:15-19).
José perdonó a sus hermanos. Jesús ofrece el perdón a todos. ¿Estás dispuesto a perdonar a tus familiares? Al orar esta semana, agradece a Dios por la familia que te ha dado. Pídele que te llene del deseo de perdonar rápidamente cuando tus familiares pequen contra ti.
