En muchas ciudades, la construcción de nuevos edificios suele considerarse una molestia. Sin embargo, esos mismos edificios que generan críticas durante su construcción suelen ser celebrados una vez terminados. Es mucho más fácil celebrar el resultado final que el proceso en sí.
Cuando los prisioneros judíos de Babilonia regresaron a Jerusalén después de casi setenta años de cautiverio, comenzaron de inmediato a reconstruir la ciudad destruida. Inspirado por Dios, el rey Ciro decretó que el pueblo regresara para reconstruir el templo del «Dios de Israel» (Esdras 1:1-3).
La reconstrucción del templo fue una tarea monumental, pero los israelitas continuaron adorando a Dios durante todo el proceso. Lo adoraron mediante sacrificios, con generosidad, por su labor de reconstrucción del altar del Señor y con la música, cantándole alabanzas con gratitud en sus corazones. Cuando se terminaron los cimientos del templo, todo el pueblo estalló en alabanza, y sus voces unidas produjeron un sonido que se oía a lo lejos.
Al orar esta semana, agradece a Dios por acompañarte en cada etapa de tu vida. Pídele un corazón lleno de adoración que se escuche a lo lejos, para que tu adoración refleje la gloria de Dios ante los demás.
