Los cristianos suelen incluir a Gedeón entre los héroes bíblicos, pero su historia nos recuerda con crudeza que es Dios, y no los héroes, quien trae la victoria y la salvación. Dios eligió obrar a través de Gedeón para derrotar a los madianitas, no a pesar de sus debilidades, sino precisamente por ellas. La familia de Gedeón era la más débil de Manasés y Gedeón era el menor de su familia. Gedeón no tenía nada de qué jactarse ni tentación alguna de creer que él mismo había logrado la victoria. Dios dejó claro que Él ganó la batalla, no el pequeño y débil ejército que Gedeón lideraba.
La historia de Gedeón no fue la primera ni la última vez que Dios obró de esta manera. A lo largo de las Escrituras vemos cómo Dios recurre repetidamente a personas inesperadas para cumplir sus planes. David era el hijo menor y aún se dedicaba al pastoreo de ovejas, sin ser siquiera considerado un candidato en su familia, cuando Samuel fue a ungir al nuevo rey (1 Samuel 16:5-13). Moisés era un fugitivo con dificultades para hablar cuando Dios lo llamó para guiar a los israelitas fuera de Egipto (Éxodo 3-4). Rahab era una mujer de moral cuestionable cuando Dios la usó para proteger a los espías israelitas (Josué 2). María era una joven soltera de recursos modestos cuando Dios la bendijo con el embarazo milagroso de Jesús (Lucas 1:26-38).
Dios es el héroe a lo largo de toda la Biblia y sigue siéndolo hoy en día. Cuando Él obra a través de ti, a pesar de tu debilidad, ¿cómo respondes? ¿Sientes la tentación de elogiarte a ti mismo por tu madurez y fortaleza espirituales, o reconoces que es Dios quien obra en ti y que todo lo bueno que hay en ti proviene de Él?
Cuando las cosas van bien, nuestra naturaleza humana nos tienta a confiar en nuestras propias capacidades, habilidades y fortaleza en lugar de en las de Dios. Por otro lado, cuando enfrentamos desafíos, a menudo nos vemos tentados a centrarnos en nuestra falta de aptitudes en lugar del poder abundante de Dios. Muchos retrocedemos por miedo ante aquello hacia lo que Él nos está guiando.
Observa las respuestas de Gedeón a las instrucciones de Dios. ¿A qué le temía más Gedeón? ¿Qué te impide obedecer? ¿Evitas hablar del evangelio porque te preocupa no estar preparado? ¿Rechazas una oportunidad de ministerio porque no te sientes capacitado?
Al orar esta semana, pídele a Dios que te dé la fuerza para confiar en Él en lugar de en ti mismo. Pídele que te ayude a reenfocar tu mente para darle siempre la gloria a Dios por las batallas que gana.
